Desenlace II

Este es uno de los dos finales escritos para el libro Earthus, terrorismo zombi. Si no has leído el resto del libro me permito aconsejarte que le dediques unos minutos y comiences por el primer capítulo.

  Sin más preámbulo ahí va:

Desenlace II

   Laura seguía parada un par de metros por delante de mí, puede que estuviera en estado de shock, ninguno esperábamos presenciar esto. Shania, por contra, ya parecía repuesta y continuaba avanzando. Debíamos seguir, toqué suavemente a Laura en la pierna, al momento reemprendió la marcha arrastrándose con más dificultad que antes.

  El desplazamiento por esta nueva superficie resultaba más costoso si cabe, las formas afiladas de las rejillas se clavaban sobre nuestros codos y rodillas y el tintineo de los fusiles parecía comenzar a llamar la atención de los zombis hacia arriba.

  Ya habíamos completado casi la mitad del trayecto. No podíamos sudar más. A estas alturas todos los muertos de abajo parecían saber que algo pasaba arriba. Veíamos perfectamente como nuestras gotas de sudor caían sobre sus rostros transformados y sus bocas hediondas contribuyendo a excitarles todavía más.

  En ese momento todo se precipitó, la pasarela no resistió nuestro peso y se partió por la siguiente unión delante de Shania arrancando con secos tirones el resto de ella hasta un punto indeterminado detrás mío. Shania llegó en primer lugar al suelo, segundos después nos unimos Laura y yo, el golpe que nos llevamos fue de cuidado. Los tres presentábamos las manos heridas, al intentar reducir nuestra velocidad por el improvisado tobogán rallado nos habíamos producido múltiples cortes y arañazos.

  Nada más tocar suelo, el resto de la parte inferior de la canalización por la que habíamos avanzado hasta ese momento cedió y cayó a peso sobre los zombis que miraban asombrados hacia arriba. Con un poco de suerte habría acabado con unos cuantos.

  Daba la impresión de que Shania se había resentido de su pierna herida, le costaba apoyar el pie en el suelo y al hacerlo su rostro mostraba evidentes gestos de dolor.

  Laura continuaba tumbada boca arriba sin haberse recuperado por completo del golpe, parecía conmocionada.

  Los zombis, por supuesto, ya nos habían descubierto y se dirigían hacia nosotros desde todas las direcciones posibles. El primero que llegó hasta Laura se quedó plantado a sus pies, no se decidía entre lanzarse sobre ella o agacharse para agarrarla iniciando una serie de movimientos de lo más ridículos. Gracias a esa falta de coordinación o de decisión Laura ganó el tiempo necesario para desenfundar y hacer un blanco perfecto en la frente del indeciso zombi cuando ya parecía decidido a echarse sobre ella. La cabeza reventó esparciendo sangre y sesos en todas direcciones incluida la propia Laura que vio su cara empapada de restos.

  Nos estaban rodeando rápidamente, teníamos que hacer algo pronto. Dos pequeños zombis se adelantaron al resto pasando entre sus piernas y haciendo caer a alguno. Su corta estatura parecía conferirles una coordinación más sencilla que a los adultos y en unas cuantas zancadas se plantaron frente a Laura. No había terminado de limpiarse los sesos del otro de su cara y ya tenía a los niños acechando. Dos nuevos proyectiles se alojaron en sus cabezas, esta vez fui yo quien disparó frenando en seco su carrera.

  Shania reculaba saltando a la pata coja hacia uno de los contenedores al tiempo que disparaba sobre los muertos más próximos. Aún con las difíciles posiciones que se veía obligada a adoptar su puntería continuaba siendo perfecta.

  Teníamos a los zombis a no más de diez metros de nosotros, los contenedores constituían nuestra única oportunidad. Eché a correr hacia el más cercano y lanzando una patada sobre la pared logré impulsarme lo suficiente para agarrarme arriba y elevarme sobre los codos. Recogí el fusil que había soltado en el borde para poder agarrarme y, desde esa posición elevada comencé a disparar sobre los zombis más próximos a Laura y Shania.

  Laura intentó encaramarse también pero no alcanzaba la parte superior del contenedor. Shania llegó hasta ella y, colocando su rodilla a modo de escalera, la empujó lo suficiente para que yo lograse izarla. Mientras la ayudaba no dejó de abrir fuego sobre el resto de zombis hasta vaciar su primer cargador. Entregué mi fusil a Laura para que nos cubriese a la vez que pugnaba desde arriba por alcanzar las manos tendidas de Shania y así poder subirla.

  Laura no dejaba de disparar con desigual eficacia, los zombis ya estaban muy cerca. Había logrado elevar medio cuerpo de Shania cuando un zombi enorme se agarró de la única pierna que le quedaba por subir. La acción del mastodonte ese nos sorprendió y no pude evitar soltarla. Cayó de espaldas sobre el enorme tipo que, aunque no había logrado morderla aún mantenía agarrada su pierna. La posición de Shania sobre el zombi era imposible, sentada sobre su estómago y sujeta por un tobillo movía el otro pie por delante de la cara del engendro para evitar que lograse morderla. Esta mujer no era normal, lejos de descomponerse desenfundó su pistola y descerrajó un par de tiros en su boca, uno de sus dientes salió despedido y terminó impactando contra la pierna de Laura quedando inmóvil sobre el techo del contenedor. Shania me lanzó su pistola y ayudándose del cuerpo del zombi abatido logró encaramarse de nuevo, ahora sí que terminé de izarla. Estaba exhausta y por su rostro y pecho corrían regueros de sangre negruzca.

  La situación difícilmente podría haber sido peor. Los zombis se arremolinaban ahora alrededor del contenedor y algunos ya empezaban a subir por la rampa existente en el más cercano, menos mal que al intentar pasar de ese al nuestro por los estrechos tablones acababan irremediablemente cayendo al suelo, aún así la empujamos abajo no fuese que alguno lograse llegar hasta nosotros. Nos tomamos un tiempo para recuperarnos y hacer recuento de munición. Daba la impresión de que todos los zombis de la Base estuvieran dentro del hangar, aunque de cuando en cuando entraba alguno despistado por la única puerta existente, no podían quedar muchos más fuera. No teníamos más opción que conseguir alcanzar esa puerta. Nos encontrábamos en el tercer contenedor, delante, en dirección a la salida quedaban otros dos unidos por los benditos tablones. Debíamos correr lo más rápido posible, pasando de uno a otro hasta llegar al último, saltar al suelo y rezar para que no quedasen muchos muertos por llegar.

  Todos los putos zombis del hangar, y debía haber cientos, se encontraban alrededor de nuestro contenedor y ya alcanzaban la mitad de los dos de los lados. Los primeros se veían empujados por los de atrás y apenas podían moverse, pero sus gritos, sus bocas, y sobre todo sus ojos nos seguían produciendo escalofríos. Debíamos actuar deprisa. Tan solo había un tablón entre cada contenedor y teníamos que pasar de uno en uno lo más rápido posible porque en el momento en que los zombis se dieran cuenta de nuestra maniobra se dirigirían también hacia la puerta.

  El griterío de los condenados era ensordecedor. Mientras Laura llamaba su atención yo me lancé corriendo hacia el más próximo de los contenedores, en el momento en que terminé de pasar al siguiente, Shania me siguió todo lo rápido que le permitía su maltrecha pierna. Continué al primero al tiempo que Laura llegaba al segundo. Shania y yo esperábamos en el primer contenedor, la única que quedaba por atravesar el último tablón era Laura. Tan solo los zombis más alejados habían logrado dirigirse hacia nosotros, el resto pugnaba por girarse y abrirse paso entre la masa.

  Laura ya corría sobre la estrecha pasarela cuando un paso en falso la desequilibró y la obligó a lanzarse hacia nosotros, el tablón vibró peligrosamente para terminar inmóvil en la misma posición. Logró asirse al borde y con ayuda de los dos acabó subiendo por fin. Aunque no cayó al suelo habíamos perdido unos segundos preciosos. Los zombis ya basculaban en nuestra dirección.

  Utilizando el techo para coger carrerilla saltamos hacia la puerta. La peor parada en la caída volvió a ser Shania pero, aunque nos siguiesen de cerca, por fin teníamos la salida libre de zombis.

  Shania se puso en cabeza ayudada a caminar por Laura mientras yo cerraba la marcha disparando sobre los zombis más rápidos. El olor de la pólvora se superponía al hedor reinante en ese lugar y las detonaciones acallaban brevemente los desgarradores gritos de las criaturas.

   Habíamos traspasado la salida y avanzábamos por un largo pasillo, aquí ya no llegaba la luz de los focos del hangar, así que tuvimos que volver a encender las linternas. Nuestro camino se hizo ahora más difícil y caótico, ellas disparaban a los zombis que se encontraban prácticamente a bocajarro y yo lanzaba ráfagas cortas a la altura de las cabezas de nuestros perseguidores sin poder precisar más la puntería. Llegamos a unas escaleras amplias que conducían al primer piso. Las superamos todas sin hallar a un solo zombi, aunque podíamos sentir detrás a la muchedumbre de infectados pisándonos los talones.

  A la vuelta de la siguiente esquina estaban las escaleras que las mercenarias tapiaron durante su huída, se encontraban al final del pasillo por el que corríamos. Ahí acabarían nuestras posibilidades de escape si no éramos capaces de despejarlo todo rápido, sería el fin.

  En su escondite de Rent a Car, Will no dejaba de mirar el reloj, iba contando cada segundo desde que esos tres locos se fueran. Podía entender sus motivos pero estaba convencido que iba a ser inútil y que probablemente les costase la vida. Ya habían transcurrido las dos horas que le dijeron que debía esperar, de hecho, pasaban ya diez minutos. Tan sólo le pareció escuchar un par de disparos haría ya una hora al menos, desde entonces nada.

  Se decidió por fin a salir al exterior y buscar el coche. Lo localizó al lado del ala caída del avión que debía haberlos puesto a salvo a todos. No estaba convencido de estar haciendo lo correcto, pero se lanzó corriendo hacia él.

  La salida de la terminal fue fácil, se la sabía de memoria, el camino hasta el todoterreno fue sencillo también, no se cruzó con ningún zombi. Ya estaba dentro del coche. Respiró profundamente aliviado al comprobar que las llaves estaban donde le dijo ese hombre, sobre el salpicadero, al instante se sintió avergonzado por haberlo dudado. Descubrió un par de zombis que se dirigían hacia él, pero se encontraban junto a la valla, muy lejos aún.

  Probó a arrancar y rezó para que funcionase. El potente motor del vehículo respondió a la primera con un susurro continuo. Se sentía eufórico, lo había logrado, sobrevivió todo ese tiempo y ahora tenía un coche para huir, y lo que era más importante, un lugar a donde dirigirse. Si, eran buenas noticias. Entonces rememoró lo que sintió cuando se hallaba sentado en el 747 junto a su padre, cuando vieron la luz del aeropuerto, cuando fueron saltando del avión; y luego recordó con terror como todas esas buenas sensaciones acabaron con la muerte de su padre y de todos los demás pasajeros del avión a manos de esas dementes. Un aterrador pesimismo se apoderó de él y todo su cuerpo comenzó a temblar de forma descontrolada, se vino abajo. No lo conseguiría, de nuevo ocurriría algo que lo echase todo a perder. En ese instante tuvo claro que solo no iría a ninguna parte. Aceleró y se dirigió al punto de la terminal por el que acababa de salir. Los dos zombis aún estaban muy lejos. Dejó el motor en marcha y apeándose entró corriendo en la terminal, las piernas le seguían temblando. Nada más penetrar dos pasos en ella lo escuchó, eran disparos, espaciados, no como los de las asesinas que acabaron con su padre, aquellos eran descontrolados, sin orden, éstos por contra parecían metódicos. PAM, PAM PAM, PAM…Podía imaginarse como seguido de cada disparo una cabeza de zombi estallaba. Estaban en problemas, ya se lo dijo, era una locura, no debían haber ido.

  Los disparos continuaban y se aproximaban a las escaleras, a la barricada que los soldados interpusieron para escapar de los zombis. Si, era la única salida, al menos la única que él conocía. No lo iban a lograr, él la había visto. Entre los tres podrían despejarla en diez minutos o menos pero con un montón de zombis acosándoles… Ese era el final de su recorrido, ahí acababa todo. Se dio media vuelta y volvió al coche, ya había perdido mucho tiempo.

  La situación abajo era desesperada. Ni a Shania ni a mí nos quedaba ya munición de fusil y Laura se dedicaba a intentar despejar la salida al haber vaciado su último cargador. Era imposible, había demasiadas cosas apiladas. Los destellos de las detonaciones iluminaban de forma intermitente el pasillo permitiéndonos ver lo que se nos venía encima Entonces lo escuchamos, era el atronador sonido de una bocina de coche. Identificamos perfectamente como un vehículo se dirigía a toda velocidad, sin dejar de pitar, hacia el montón de objetos que poblaban la escalera. Laura se apartó a tiempo de ver como el todoterreno en el que llegamos se empotraba contra la pared del pasillo después de arrastrar a su paso todas las cosas que nos impedían escapar. El estruendo fue enorme y el choque brutal. Los airbags del vehículo saltaron, todos, delanteros, traseros, laterales. Una nube de polvo blanco se expandió rápidamente alrededor del coche. Una vez repuesta del susto y tras apartar un pesado armario apoyado contra la puerta delantera, Laura entró en el coche para intentar ayudar a salir al chico, al final no se había ido y gracias a él teníamos el camino despejado. Podíamos escapar.

  Hacía una mañana estupenda, el calor asfixiante de días atrás había dado paso a un tiempo más fresco y agradable. No podía dejar de dar vueltas a la curiosa facilidad que poseía la mente humana para eliminar, o en su lugar esconder en lo más profundo de su memoria, las peores experiencias vividas, un mecanismo de defensa perfecto.

  Iván estaba al timón, observándole solo veías a un chaval disfrutando de un día de navegación con sus amigos. Mariano limpiaba unos peces que había capturado de buena mañana. Jorge intentaba hacerse entender con el joven Will, su enfado inicial al enterarse que había perdido su pequeña katana, dio paso a una alegría sin límites. Los dos chavales habían hecho buenas migas. Shania descansaba tomando el sol, prácticamente desnuda, en la lona delantera del catamarán. Sólo Laura y Thais estaban dentro, en los camarotes.

  Yo sin embargo seguía sin recordar absolutamente nada, puede que ese fuese mi mecanismo de defensa. Un sentimiento de culpa me recorría. Tenía la impresión de que tal vez no hubiese hecho lo suficiente para encontrar a mi hija y los nuevos interrogantes surgidos no contribuían a tranquilizar mi conciencia. Mientras acariciaba la tapa de la agenda rescatada del Laboratorio repasé una vez más los últimos acontecimientos:

  Si no hubiera sido por el chaval no lo hubiéramos conseguido, su aparición abriendo una brecha con el coche en la barricada resultó decisiva. Una vez Laura le soltó el cinturón y le ayudó a salir del todoterreno nos lanzamos a una loca carrera para alejarnos lo más rápido posible del Aeropuerto. Fuimos corriendo hasta la salida principal del vallado, donde varios vehículos militares taponaban la entrada. Un poco más retrasado descubrimos un camión, militar también. Los zombis ahora tenían la salida franca del complejo e iban apareciendo en un lento pero continuo flujo. Una vez el camión arrancó, los cuatro respiramos más tranquilos, apenas teníamos munición y aunque los zombis no podían competir en velocidad con nosotros, nuestra fatiga y la pierna resentida de Shania nos hubiesen puesto muy difíciles las cosas.

  El camino hasta donde esperaba el catamarán transcurrió tranquilo. No teníamos forma de contactar con ellos, en algún momento del último trayecto perdimos los walkies. Tampoco hicieron falta, localizamos el palo del barco desde lejos. Prácticamente seguía en el mismo sitio que lo habíamos dejado. En cuanto nos vieron en el muelle se aproximaron. Cuando Iván comprobó nuestro aspecto nos obligó a lanzarle las armas y aquello que no quisiéramos que se mojase y nos hizo zambullirnos en el agua. Aprendía pronto el chaval, con nuestro aspecto podríamos haber sido cualquier cosa. Una vez que vi embarcar a Will y a Laura me dirigí hacia el hangar donde había permanecido oculto el catamarán. Una vez en su interior busqué el cuerpo de la mercenaria que abatimos hacía sólo unas horas. Al pasar frente a un espejo colgado en la pared entendí mejor a Iván, aún habiéndome sumergido en el mar mi cara y mi cuerpo continuaban mostrando las huellas de nuestro enfrentamiento con los zombis.

–  ¿Qué haces aquí? –Shania me había seguido.

–  ¿Conocías a esa mujer?

–  ¿Qué mujer?

–  Claude, la mujer que decían que bajó a ayudarles ¿La conocías?

–  No éramos íntimas pero sí, la conocía ¿Por?

  Llegué hasta donde habíamos dejado el cadáver de la mercenaria. Le di la vuelta. Su rostro estaba irreconocible, los disparos de Shania le alcanzaron de lleno en la cara. Rebusqué en sus bolsillos. Uno de ellos albergaba una pequeña cartera con unos pocos dólares y un carnet de conducir francés: Claude Silversen.

  Volví a fijar la vista en Shania y una vez más me pregunté qué había ocurrido para que la mujer que acompañaba al científico y a mi hija terminase abandonada en ese maldito hangar. Por más vueltas que le daba no hallaba una explicación.

  Laura me toco en ese momento en el hombro, se había aproximado junto a Thais pero estaba tan concentrado en mis pensamientos que no me había dado cuenta. Me ofreció una taza de café, la acepté con un gesto de agradecimiento y coloqué mi mano sobre el vientre de la futura mamá. En poco tiempo sería evidente la vida que albergaba dentro. Otro de esos recuerdos incomprensibles afloró: una película en la que un tipo Moreno con gruesas gafas de pasta le decía a otro más mayor que él y con el pelo ya blanco: la vida siempre se abre paso.

  Era verdad, la vida se abría paso pese a todo y pese a todos y ahí estaba la prueba.

FIN

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Por fin terminó este proyecto, espero que a todos los que lo habéis leído os haya gustado, o al menos, que os haya permitido pasar unos momentos entretenidos. Como veis es un final abierto que me permitirá retomar la historia en el futuro pero por el momento vamos a dejar descansar al Sargento.

Sólo me queda agradeceros vuestro apoyo y el tiempo que le habéis dedicado a la lectura de este relato. Deciros que no va ser el último, ya estoy trabajando en un nuevo proyecto: Refugio Zombi. 

También hemos abierto otro Blog con esta misma temática zombi en el que iremos publicando diferentes colaboraciones. La primera ya la podéis disfrutar. La dirección es:

http://quadmanzombi.wordpress.com/

Este proyecto nace de la colaboración entre (por el momento) dos escritores noveles: Quad Man esperamos que os guste.

Consideraciones

5 pensamientos en “Desenlace II

  1. Me emocionaron mucho los dos finales, solo te pido una disculpa porque la verdad no entendi en el primero porque la fecha lo puso asi y en el segundo no entendi la ultima conversacion respecto a la mercenaria con la cara destrozada y que era quien acompañaba a la hija del sargento, cuando tengas oportunidad regalame una explicacion de ambos casos, por otra parte felicidades, excelente historia,ojala continues trabajando como lo has hecho hasta ahora,mis mas sinceras felicitaciones,avisanos cuando comenzaras otro relato, muchos saludos y un abrazo desde Mexico.

  2. Ahora que lo he acabado he de decirte que descubri el blog hace dos noches y que me ha gustado mucho. Sobre el primer final la verdad es que me pasa como a las dos personas que te han escrito, me he perdido, o simplemente era un sueño y ya esta o no lo he pillado.

    Estare atento a tu nueva aventura cuando la publiques suerte y enhorabuena

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