5. La razón

 Nada había salido bien. Desde el momento en que planeó su última operación, su gran obra maestra, las cosas no habían dejado de torcerse.

  No se había implicado en ello por una cuestión económica, de hecho disponía de más dinero del que podría gastar en cien vidas. No, no era eso. Se trataba de lo único que le hacía seguir adelante y que le obligaba a involucrarse personalmente en cada nuevo proyecto.

  Tenía miles de empleados, multitud de empresas; de todos los tamaños, en sectores de lo más variado y en montones de países. El proceso siempre era el mismo. Una actividad, una empresa, un producto o simplemente una idea, se tornaban en un reto que le llevaba a obsesionarse hasta lograr superar a todos sus competidores y ponerse a la cabeza.

  Para ello trabajaba duro, sin descanso, dejando todo lo demás en un distante segundo plano y utilizando todos los medios que fuesen necesarios, todos. Pero cuando conseguía que su producto, idea o empresa fuese la primera, se desvanecía la magia y el interés por ella desaparecía. Entraba entonces en un periodo de introspección del que sólo le sacaba un nuevo ciclo y vuelta a empezar.

  Así había sido desde que recordaba. Tenía cuarenta y cuatro años, aborrecía el matrimonio y por supuesto, no tenía hijos. Su única familia se limitaba a un hermano del que no quería saber nada. Le pasaba una pensión más que generosa con la única condición de que nunca se cruzase en su camino. No pudo evitar sonreír al recordar que ahora ese gasto había sido eliminado para siempre.

  El sexo tampoco era una prioridad. Más bien una necesidad puntual. Nunca le gusto compartir su casa con nadie, y mucho menos su cama.

  Naturalmente había probado las drogas. De hecho una parte de su imperio se financiaba con ellas; sin embargo, no las consumía. No las necesitaba.

  Tenía muy claro que era lo que le hacía levantarse cada mañana. La necesidad enfermiza de conseguir realizar algo “único”, algo especial, algo que muy pocas personas podrían intentar pero que sólo una lograría. Todo en lo que se había concentrado hasta ahora no le llenaba el tiempo suficiente. Llegaba a la cima y se cansaba.

  Pero eso era antes. Desde que se fue gestando esta idea en su interior, las cosas habían cambiado. Era algo que no podía conseguir sin ayuda, pero daba igual; así la satisfacción sería mayor. Por eso fundó la Organización. Todo el mundo era manipulable, influenciable o directamente, sobornable. En todos los países existían grupos de poder. Personas e instituciones que perduraban en el tiempo. Que se mantenían ahí independientemente de los Gobiernos de turno o de los poderes económicos. Conocía a muchos de ellos. A algunos les había ayudado a alcanzar esa posición. A otros les controlaba para cuando pudiesen serle útiles. Ese era el verdadero reto. Conseguir interesar a esos grupos de poder sin tener que mostrarles todas sus cartas. Manipularles y utilizarles a su antojo. No necesitaba socios, solo quería peones; además, no comprenderían el alcance de su obra.

  Así se fue gestando “Earthus” un ente que agrupaba a grupos de influencia en todos los países desarrollados y a los déspotas gobernantes de otras muchas dictaduras por todo el globo. No fue difícil, conocía las debilidades de cada uno. Se constituyó en el nexo de unión de toda la Organización. Conocía a todos pero, al mismo tiempo, era una incógnita para ellos. Naturalmente ellos tampoco se conocían entre sí. Había creado la Organización perfecta a la que todos aportaban algo pero cuya existencia no eran capaces de entrever.

  En efecto, al principio todo fue como se esperaba. Llevaba trabajando en su legado desde el ataque al World Trade Center, pero en la última fase de la operación las cosas se estropearon. Falló por algo que no conseguía comprender. Menospreció el amor de las personas hacia sus seres queridos, el valor de la religión, de las creencias, de los sentimientos, del honor. Esos conceptos que no entendía resultaron estar por encima del dinero, el poder o el mismo miedo. Pese a haber supervisado en persona el reclutamiento del personal requerido para cada puesto y cada función, no había podido evitarlo. La debilidad humana se tornó en su fortaleza y se puso en su contra. Eso, unido a la incompetencia de los investigadores epidemiólogos, que no descubrieron lo que les pasaba a los muertos a las pocas horas de fallecer, hasta que fue demasiado tarde, dio al traste con toda la operación.

  Ahora ya no podría dejar su legado a la Humanidad. Ya no había humanidad, sólo asquerosos muertos vivientes por todas partes. El dinero ya no compraba nada, ni las drogas tenían a quien controlar. La poca gente que quedaba tan sólo buscaba sobrevivir.

  Ahora sólo contaba con sus modestas instalaciones en Marruecos. Disponía de un pequeño ejército propio para su protección y de un reducido grupo de científicos competentes, pero se estaba quedando sin ningún argumento para controlarlos. Si no recuperaba pronto la fórmula terminarían por rebelarse. Sin ella nadie era imprescindible, nadie.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s