2. El principio

El viernes 20 de mayo todos los Gobiernos de Europa, América, tanto del norte como del sur, Australia, Nueva Zelanda, Japón, China, las dos Coreas, Rusia y varias repúblicas bálticas, Sudáfrica, varios países árabes, Egipto, Turquía, Arabia Saudí y, en fin, la mayoría de las naciones del Globo, recibieron un mensaje de una organización que se autodenominaba “Earthus”. Era una organización completamente desconocida, de la que no se tenía noticia hasta ese momento.

 

  En ese comunicado, se responsabilizaba a todos los países, a sus gobernantes y a sus ciudadanos del paulatino deterioro del planeta, del cambio climático, de las continuas catástrofes naturales que asolaban diferentes puntos del globo, de las grandes desigualdades sociales, de las matanzas étnicas, y en definitiva, de todo lo malo que tenía lugar en cualquier parte del planeta. Parecía redactado por un demente iluminado, pero lo más curioso es que no se realizaba ninguna exigencia ni ninguna petición, tan solo anunciaba que muy pronto el culpable de todas estas iniquidades, el hombre, sería castigado y un nuevo orden social sería instaurado.

 

  No daba pistas de cómo ni cuándo sería, pero sin duda, la parte más inquietante era el final del mensaje. En él se anunciaba que una vez acabado el proceso de limpieza, “Earthus” se haría con el control de lo que quedara del mundo conocido.

 

  Como te digo, no había ninguna exigencia, ninguna petición y ninguna amenaza concreta. El comunicado podría haber sido igual que el que realizan cada día diferentes organizaciones o simplemente personas aisladas con un afán claro de publicidad y notoriedad, y que cada país, incluido España, reciben prácticamente a diario.

 

  Pero había una diferencia fundamental y muy preocupante a la que no se dio la debida importancia: El hecho de que todos los mensajes se habían recibido en el mismo momento, en todos los países a la vez, y por diferentes canales, con el denominador común de la confidencialidad, sin publicidad. En algunos lo recibió el Ministerio del Interior, en otros los gabinetes de los primeros ministros, en España, se recibió aquí en el CNI por canales secretos y cifrados, la forma variaba en cada caso, pero como te digo, en ningún momento se le daba publicidad, se avisaba a la prensa o se colgaba en you tube como hacían otros grupos terroristas como Al Qaeda o la misma ETA.

 

  Ningún país tenía conocimiento de un grupo terrorista que se denominase “Earthus” ni habían detectado una mayor actividad terrorista. Por todo ello, ningún Gobierno, desde los Estados Unidos, hasta España, se lo tomó muy en serio, algunos aumentaron en un punto el nivel de alerta terrorista y poco más. Como luego se comprobaría esto se reveló como un gran error.

 

  Aunque bueno, en nuestra defensa debo decir, que hubiese sido inútil. Cuando se recibieron los comunicados, hacía tres días que se había producido ya el ataque a nivel mundial, y ni conociendo todos los detalles nos podríamos haber preparado a tiempo para lo que nos esperaba.

 

  En este punto, Laura tomo un trago de agua, se recogió todo su cabello negro en una gruesa coleta y continuó su relato.

 (25 -27 de mayo a 10 días del atentado)

  Entre cinco y siete días después del comunicado, a los hospitales y centros médicos de todo el mundo, llegaron de golpe miles de personas con los mismos síntomas y esas cifras aumentaban minuto a minuto.

 

  En un principio, el conjunto de síntomas se confundía con el de cualquier resfriado normal, los enfermos presentaban un cuadro de malestar general, cefaleas, conjuntivitis, dolores musculares, nauseas y en algunos casos vómitos. Nada excesivamente fuera de lo común si no fuese porque afectaba a miles de personas, millones en todo el mundo al mismo tiempo, lo que, por sí solo, ya suponía un problema de salud pública de dimensiones desconocidas.

 

  Te contaré lo que pasó aquí en España, aunque es un reflejo de lo que ocurrió en el resto de países.

 

  Los terroristas habían contaminado diferentes puntos, no se habían limitado a un solo ataque. En Madrid, liberaron el virus en los sistemas de ventilación de varias estaciones del metro, en los de la T4 de Barajas; en la estación de Atocha contaminaron el agua que se utilizaba para pulverizar el invernadero interior, en el resto de ciudades que disponían de metro, hicieron lo mismo. En las que no disponían de suburbano actuaron en estaciones de autobuses y de trenes, núcleos de comunicaciones que contribuyesen a extender la infección. En el resto de países atentaron de forma similar, contaminando los suministros de agua potable, en fin, cada método más perverso que el anterior si cabe.

 

  El virus, en el aire no sobrevivía mucho tiempo, pero todos los que entraban en contacto con él se infectaban. Esa gente, sin saberlo, ya portaba la muerte para ellos y sus familiares. El virus se contagiaba persona a persona, a través de la sangre, saliva, sudor, semen. La persona infectada contagiaba primero a los que más quería.

 

  Las autoridades sanitarias se vieron desbordadas por la afluencia de enfermos, a los que, por otro lado con esas molestias leves, se les daba algún tratamiento menor y se les enviaba de vuelta a casa.

 

  De repente se escuchó un fuerte golpe en el pasillo por el que yo había entrado. Empuñé el arma y me dirigí a la puerta. No me había dado cuenta, pero estaba empapado en sudor y completamente tenso. Fuera se escuchaban ruidos, gritos, gruñidos y objetos golpeando contra el suelo.

–  No te preocupes, los zombis en ocasiones tropiezan con papeleras, mesas o simplemente entre ellos y tiran objetos al suelo, se excitan y se ponen a gritar y gruñir con más violencia, es inquietante, pero aquí estamos a salvo.

  Necesitaba refrescarme, fui al aseo y me mojé toda la cabeza, luego cogí una cerveza de la nevera y me la bebí de golpe. Laura no se había movido del sitio, así que me volví a sentar frente a ella para seguir escuchando el horrible relato.

  Como te decía, el hecho de devolverlos a sus casas se revelaría como otro grave error. Tras un par de días (29 de mayo, a doce días del atentado) en el que los hospitales no dejaron de recibir nuevos infectados, comenzaron a volver los que enfermaron primero, pero su estado ya era alarmante. Se encontraban extremadamente débiles después de continuas diarreas, erupciones y hemorragias gastrointestinales, renales e incluso oculares. Más tarde llegaría para ellos el colapso irremediable de todos sus órganos y finalmente la muerte.

 

  En este punto, los Gobiernos y los servicios de inteligencia eran conscientes de que las amenazas de “Earthus” se habían cumplido y sus ataques se habían llevado a cabo a nivel mundial, pero no sabían qué hacer, a quien buscar, contra quien luchar. Esperaban que los terroristas contactaran para concretar alguna exigencia a cambio de una solución, una vacuna o lo que fuera. Pero eso no ocurrió.

 

  Se decidió hacer un llamamiento a los medios de comunicación para ver si alguien podía aportar algo de luz a lo que estaba pasando. Una operación como esa debía haber dejado testigos, huellas, algo. La idea tampoco fue buena. Nadie sabía nada y sólo sirvió para alentar una histeria colectiva que lo único que hacía era complicarlo todo más.

 

  Las autoridades sanitarias, a su vez, identificaron el virus como algún tipo de fiebre hemorrágica de Marburgo, ébola o una mezcla de las dos. En realidad, creo que no tenían ni puta idea. De cualquier modo muy pocos hospitales en el mundo estaban preparados para tratar una epidemia así y el número de médicos capacitados para hacerlo era aún menor.

 

  A partir de las declaraciones de los enfermos se consiguieron identificar los puntos desde los que se había distribuido el virus y eso hizo comprender la dificultad para contener en un espacio físico a los afectados, dado que éstos habían viajado hacia todos los puntos del país y a otros continentes.

 

  Intentaron hacer de los hospitales centros de cuarentena a los que acudían los enfermos por si mismos o llevados por sus familiares y ya no se les dejaba regresar a sus casas. Se ordenó a la población que sólo saliese de su hogar en caso de contagio y para ir a los hospitales. Se solicitó que se limitase el contacto con otras personas y también se informó de los modos como se creía que se contagiaba el virus.

 

  En Madrid, las fuerzas de la División Acorazada formaron un cordón que trataba de impedir que nadie saliese de la ciudad para intentar contener la epidemia. Esto condujo a enfrentamientos continuos con las personas que, asustadas se negaban a permanecer sitiadas e intentaban huir hacia otros lugares, a segundas residencias o simplemente alejarse de la ciudad donde vivían pensando que no podía estar todo el país contaminado. Las autopistas y carreteras de salida de las ciudades se convirtieron en ratoneras.

 

  El espacio aéreo español se cerró y se suspendieron todos los vuelos, tanto de salida como de regreso a España.

 

  El 1 de junio (a los 15 días del atentado) se empezaron a producir las primeras muertes, esto implicaba que el periodo en el que las personas contagiadas eran capaces de transmitir su enfermedad era muy elevado, convirtiendo a las personas en agentes infecciosos ambulantes durante mucho tiempo.

 

  No sabían qué hacer con los cadáveres, se pensó en quemarlos, pero no se tenía claro si las partículas desprendidas al aire serían o no contagiosas. Al final se tomo la decisión de almacenarlos en los propios hospitales, en zonas habilitadas, en los parkings y en donde podían. Esto se revelaría como otro error fundamental, ya que el horror aún no había llegado al límite.

 

  Aproximadamente 24 horas después de morir, dependiendo de la constitución de cada individuo, los cadáveres sufrían un extraño proceso y… volvían a la vida, bueno, si es que eso puede llamarse vida. Los muertos se levantaban y se convertían en lo que has visto ahí fuera. Demostraban una agresividad desconocida hasta entonces, superior a la de cualquier animal salvaje. Se lanzaban sobre todo ser vivo que encontrasen en su camino. Los animales que, al principio no se veían afectados por el virus, ahora sí que eran cazados por los zombis.

 

  Los hospitales se convirtieron en una trampa para los pocos que aún no se habían contagiado, familiares retenidos o personal médico y que ahora se veían salvajemente agredidos por los muertos que acababan de apilar. Los zombis atacaban a los vivos a golpes, mordiscos, desmembrándolos y desgarrando sus cuerpos, hasta que morían, momento en el que buscaban otra víctima con la que acabar. Al principio se pensaba que se los comían, que éramos su alimento, pero en realidad creo que ni siquiera se alimentan, sólo destruyen a cualquier ser vivo que se encuentran.

 

  Como seguro ya intuyes, las personas que los zombis habían matado a mordiscos, en el plazo de entre 5 y 8 horas se transformaban a su vez en zombis.

 

  En este punto, Laura hizo otra pausa, como para darme tiempo a procesar lo que me contaba. Miré a Diego y una pregunta absurda se me vino a la mente.

–  Si los animales no se contagian, ¿Por qué el perro no ataca a los zombis? –pregunté.

–  No se contagiaron con el virus inicial, pero si entran en contacto con la sangre o fluidos de los zombis si lo hacen, la suerte para ellos es que no se transforman en monstruos, simplemente enferman y mueren. En eso, han salido ganando con respecto a la raza humana.

  Como vio que no decía nada más, la chica continuó con su macabra exposición.

  La información del exterior llegaba fragmentada y no se podía saber cuál era la situación exacta en otros países. En España, el Gobierno, como tal, había dejado de existir. Los pocos miembros del Ejecutivo que no se habían infectado se hallaban desaparecidos. Los Reyes, que se habían desplazado a una cumbre hispanoamericana en los primeros días de la epidemia, desaparecieron en Argentina, donde tenía lugar la reunión y no se volvió a saber de ellos. Los ministros de exteriores y de agricultura se encontraban en Alemania negociando las indemnizaciones por el tema de los pepinos infectados con la bacteria ecoli y en un aeropuerto u otro se contagiaron. Tampoco regresarían a casa. El Presidente se encerró a cal y canto en el bunker de Moncloa con el resto de la Familia Real, pero dentro ya habitaba la muerte. Los Ministros del Interior y Defensa, curiosamente, se encontraban ya aquí en el bunker del CNI antes que se desatara la infección.

 

  Los miembros del Ejército y las fuerzas de seguridad en cuanto se corrió la voz de que los muertos volvían a la vida y atacaban a todo el mundo, se vieron incapaces de contener a la gente, que desesperada intentaba escapar. De una forma u otra, toda la ciudad de Madrid quedó a merced de los zombis. Los que habían muerto en sus casas resucitaron y atacaron a los que hasta ese momento les habían estado cuidando.

 

  El 30 de junio, por las cámaras de tráfico sólo se mostraban zombis que deambulaban por toda la ciudad, edificios incendiados, vehículos accidentados, carreteras colapsadas en varios puntos, en fin, el caos.

 

  No sé si queda alguien por ahí con vida, seguro que sí, no se puede eliminar a toda una ciudad, un país, pero lo cierto es que desde el 1 de julio no fuimos capaces de descubrir a nadie más.

 

  Laura paró de hablar, parecía haber llegado al final de la exposición. Miré mi reloj, eran casi las cinco de la tarde. Me quede pensando, intentando asimilar lo que acababa de escuchar. El perro parecía dormir, aunque tenía las dos orejas levantadas en continua alerta. Observé a la chica, se había levantado y ahora estaba apoyada en la barra bebiendo una coca cola directamente de la botella. No parecía estar mal de la cabeza, y todo el rollo que me había contado hubiese sido muy difícil de inventar pero las implicaciones eran tan aterradoras que simplemente me negaba a considerarlo. Pero por otro lado estaban los seres que me atacaron en el pasillo y para eso no tenía explicación. No sabía que creer.

  La chica pareció leerme el pensamiento.

–  Es horrible ¿verdad? Es normal que te cueste aceptarlo.

–  No te ofendas, pero no suelo creer lo que no veo y lo que me has contado es muy difícil de asimilar. Está claro que aquí ha ocurrido algo pero necesito comprobarlo con mis propios ojos para entender de qué se trata.

–  Sólo tienes que abrir la puerta por la que has entrado y observar –repuso. Somos espectadores privilegiados.

–  Laura, necesito ver el exterior, quizá todo haya pasado. Puede que ya se haya recibido ayuda o simplemente los bichos se hayan muerto de calor.

  No pareció hacerme caso y preguntó:

–  No me has dicho tu nombre.

  Me quedé un momento pensando.

–  Jose Miguel, Sargento Primero Jose Miguel Gil Romero, o al menos eso decía la documentación que encontré en mi habitación.

–  Bien Jose, todavía hay más, aún no te he contado lo que ocurrió aquí, en este complejo.

  Cuando los enfermos vieron agravados sus síntomas y regresaron a los hospitales, como ya te he contado, se cercó la ciudad de Madrid, se tomó como límite la M 40, la M 30 quedaba dentro de Madrid y la M 50 era simplemente demasiado terreno a cubrir. En ese momento, el director del CNI junto con los Ministros de defensa e interior, decidieron trasladar los efectivos que no estuviesen infectados al edificio principal.

 

  El complejo del CNI, lo que se puede ver desde el aire, se compone de un edificio principal en forma de hélice de cuatro plantas, otro auxiliar, y varios de apoyo, uno con un helipuerto en su azotea. Aparte, por supuesto, del bunker en el que nos encontramos que también cuenta con cuatro pisos hacia abajo.

 

  Está concebido para que se pueda dirigir tanto desde la planta de arriba como desde el bunker, como un barco con doble puente.

 

  Se estableció como zona segura de virus el bunker. Los empleados que estábamos abajo llevábamos varios días aquí y no habíamos tenido contacto con el exterior, así que eso era lo más fácil. Se trajeron expertos en epidemiología y se establecieron controles para comprobar que personal se hallaba infectado. A los que daban positivo se les trasladaba al edificio secundario donde personal médico traído a la fuerza desde el hospital La Paz, les prestaba la ayuda que podía con los pocos medios de que se disponían. No eran demasiados, entre cien y ciento cincuenta personas. Ten en cuenta que mucha gente se marchó a su casa y no regresó, se quedaban para intentar cuidar de sus familias.

 

  Una compañía de la Guardia Civil enfundados en trajes de protección bacteriológica impedía que nadie saliese del edificio.

 

  Cuando se comprendió que los muertos se levantaban, se le ordenó a la Guardia Civil acabar con los enfermos que custodiaban y regresar a proteger el edificio principal. Fue una carnicería, los guardias volvieron aquí desquiciados, habían tenido que disparar contra seres que aún eran personas y eso acaba con el juicio de cualquiera.

 

  Mientras tanto, en la ciudad, la gente, enloquecida y asustada, arrasaba todos los edificios civiles y oficiales que se encontraba, supermercados, cuarteles, comisarías, ministerios, y este no fue una excepción. Atacaron el complejo en un intento de conseguir un sitio que les proporcionase seguridad, pensando que aquí conseguirían ayuda y protección.

 

  Las fuerzas que defendían el recinto no pudieron hacer nada contra miles de personas que se les echaban encima por todas partes.

 

  Se tomó la decisión de abandonar la parte exterior y protegernos todos abajo. El bunker sólo tiene tres puntos de acceso. Dos mediante puertas de alta seguridad y el tercero para vehículos desde el parking de la primera planta y todos se controlaban desde abajo, era imposible acceder si los que estábamos abajo no lo permitíamos.

 

  No todos lo consiguieron, el director del CNI se vio acorralado arriba junto a la gente que se quedó para proteger el repliegue del resto. Pudimos verlo todo por las cámaras de seguridad. La muchedumbre enfurecida acabó con todo nuestro personal. Estaban enajenados y asustados a partes iguales. Cuando se hicieron con el control del edificio, algunos comprendieron que esa zona era tan insegura como el resto de la ciudad y se marcharon, pero otros, por el contrario, se atrincheraron dentro. Entre ellos había infectados, así que en pocos días, los enfermos murieron, resucitaron y acabaron con el resto, ahora supongo que vagaran por los pasillos del complejo a la espera de alguien con quien alimentarse o lo que quiera que sea que hagan.

 

  Con la precipitación del traslado, los test para comprobar si había enfermos entre nosotros se perdieron. En el fragor de la lucha varias personas resultaron heridas por los asaltantes y por tanto, contagiadas. Intentamos verificar que todos estábamos sanos, pero resultaba imposible, nadie confiaba en nadie.

 

  Mientras tanto, las imágenes de las cámaras que quedaban operativas mostraban los alrededores del complejo vacíos de vida, solo se veía moverse a los zombis, había cientos de ellos pululando por todas partes.

 

  Conseguimos eliminar a los enfermos cuando morían. Antes de que se transformasen. Le disparamos un tiro a la cabeza a cada uno y los encerramos en una habitación aislada. Teníamos la situación relativamente controlada. No se presentaron más casos, así que todos los demás estábamos sanos. Los dos miembros del Gobierno quedaron al mando de todo. Teníamos reservas de alimentos y bebida para varios meses, pero entonces se desató el infierno también aquí abajo.

 

  Sólo quedábamos 67 personas en el bunker. Un reducido grupo se puso de acuerdo para salir del recinto e intentar llegar a sus casas en busca de sus familias. Una noche, durante el turno de guardia de uno de ellos, cogieron armamento de la armería, las reservas que pudieron cargar e intentaron salir por uno de los accesos, por el que observaron que deambulaban menos zombis. Estaban seguros que si nos ponían al corriente de sus planes se lo impediríamos, de modo que no nos avisaron y como sólo se puede abrir y cerrar desde dentro, en su huida, dejaron el acceso abierto y salieron al exterior. Los disparos que sobrevinieron enseguida nos despertaron, cuando llegamos a la sala de control y conseguimos cerrar el acceso ya se habían colado decenas de zombis que se lanzaban sobre nosotros. En un intento de sobrevivir nos dispersamos por el complejo. Cinco de nosotros nos atrincheramos aquí, dos mujeres y tres hombres, todos técnicos y analistas, ningún militar. No sabemos lo que pasaría con el resto, de vez en cuando se oían disparos, pero nadie llegó hasta aquí.

 

   Una vez más interrumpió su relato y permaneció en silencio. Tomó aire, se me acercó y, llorando se abrazó a mí. Dejé que se desahogará y cuando se calmó le pregunté.

–  Laura, aquí sólo estás tú, ¿qué ocurrió con el resto?

  Permanecimos aquí hasta hace diez días, entonces, Julián, un compañero mío de la sección de comunicaciones, empezó a encontrarse mal, era diabético y la insulina se le había terminado hacía varios días, te sorprendería el porcentaje tan elevado de población que es diabética. Entre todos trazamos un plan para alcanzar la enfermería, allí hay una amplia reserva de medicamentos. Está situada en la misma planta que las Unidades de aislamiento de donde viniste. Solo disponíamos de cuatro fusiles con dos cargadores cada uno. Julián no estaba en condiciones de disparar, casi no podía andar. Decidimos que al menos uno de nosotros debía quedarse aquí. Lo sorteamos y gané, o perdí yo, no lo sé.

 

  Parece que al anochecer los zombis muestran menos actividad, así que esperaron y a medianoche salieron al exterior para alcanzar la enfermería, uno ayudaba a caminar a Julián y los otros iban abriendo paso. No sé hasta dónde consiguieron llegar, pero no he vuelto a saber de ellos.

  Rompió a llorar de nuevo sobre mi hombro.

  Necesitaba asimilar lo que había escuchado, así que cuando se hubo calmado de nuevo, preparamos algo para cenar y compartimos una charla más distendida y una botella de vino que nos relajó un poco. A Diego también le correspondió un buen filete de carne. Sobre las doce de la noche nos acostamos, cada uno en un sofá. Diego se apostó frente a la puerta por la que habíamos entrado dispuesto a permanecer de guardia todo el tiempo que hiciese falta. Yo no tenía claro que pudiese pegar ojo, no terminaba de confiar en la solidez de la puerta, y no podía evitar verme despertado por un puñado de zombis enfurecidos. Pero al final las intensas emociones vividas hoy me vencieron.

 

4 pensamientos en “2. El principio

  1. Hola ,vi tu comentario en zombis.net y he empezado a leer el tuyo, enora buena me gusta mucho , a tienes un seguidor mas .

    un saludo Pedro

    • Gracias, me alegra que te guste. También puedes probar con Proyecto QuadMan, ahora lo tenemos algo parado pero seguro que te gusta.
      Hasta pronto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s